POR · Jun 12, 2017 · Psicología de la memoria

Mente

LA OBSESIÓN EN LOS PENSAMIENTOS

 

“Los pensamientos obsesivos son la leña que alimenta el fuego de la ira, un
fuego que sólo podrá extinguirse contemplando las cosas desde un punto de vista
diferente.”

– Daniel Goleman

 

 

A menudo nos encontramos visualizando una idea a la que, normalmente, le
brindamos extrema atención y muchas veces bloquea nuestra capacidad para interactuar
con el resto de las personas en distintos ámbitos: social, familiar y por supuesto laboral.
Dicho en otras palabras, hay pensamientos tan recurrentes que nos llevan a
sobreanalizar esa idea que, finalmente, se convierte en una trampa mental de la cual resulta
complicado salir.

Suponiendo que un famoso músico se encuentra en una rueda de prensa en la
presentación de su nuevo material discográfico. En su mayoría recibe críticas positivas, sin
embargo un reportero le manifiesta desacuerdo o decepción en base a lo expuesto, es
entonces cuando el artista se guarda esa idea de que su trabajo fue malo y a su vez le
provoca angustia, estrés o ansiedad ¿por qué? ¿por qué atribuir a la opinión de una sola
persona un pensamiento tan obsesivo? ¿no sería más “sencillo” quedarse con lo “bueno” de
la gran mayoría y no sobrevalorar la oposición de la minoría?

Ciertamente, dicho ejemplo tiene que ver más con un concepto de perfeccionismo o
de un plano (no muy lejano) de la vanidad, no obstante, hay una base para reconocer esta
situación (de pensamiento) que afecta nuestro entorno emocional y mental.

Entonces…

 

¿Por qué de pronto aparecen pensamientos que nos obsesionan?
Los pensamientos que atrapan nuestra atención son más comunes de lo que
pudiéramos creer, y generalmente, todos experimentamos esa desagradable
sensación de darle tantas vueltas a una idea, recuerdo o creencia.

La producción de la atención en nuestro cerebro suele ser automática, y en la
mayoría de los casos, es un proceso inconsciente. Es por eso, también, a lo que
cuestionamos por qué es tan difícil dejar de sobreanalizar algo, es decir, no lo
provocamos siempre, no parece ser algo que decidamos elegir o no aunque
verdaderamente influye la personalidad (forma de ser) de un individuo.

Rumiación del pensamiento…

 

¿Qué es? Sin más, es un círculo vicioso del pensamiento. Un proceso repetitivo, cíclico que
se engendra a raíz de una experiencia (de ahí la buena memoria cuando se aprende de
“machetazo”).

En la rumiación, sin quererlo, vamos haciendo que un recuerdo que produce
preocupación o ansiedad quede relacionado con el presente, de esta forma se multiplica
la cantidad de referencias que nos transportan automáticamente a ese pensamiento tan
obsesivo.

Por ejemplo, cuando estamos en esa entrevista laboral, tratando de obtener
nuestro primer empleo y el entrevistador nos hace ver que somos incompetentes y que
no contamos con la suficiente capacidad para cubrir las funciones de la vacante. Ese
recuerdo permanece y provoca que en futuras entrevistas sea casi imposible dejar de
pensar en esa experiencia tan amarga y nos limita a cuestionarnos si realmente somos
aptos para cualquier trabajo, sin tomar en cuenta que ha sido un hecho aislado.
Si lo que queremos es mejorar nuestra capacidad de “desengancharnos” de
pensamientos recurrentes, debemos tener claro que es necesario actuar tanto sobre
nuestros pensamientos como en el modo en el que interactuamos en nuestro contexto y
con los demás.

 

 

5 consejos útiles:

 

MOVERSE (literalmente)
Salir de la rutina, de la costumbre. Salirnos de nuestro entorno, así podremos
experimentar otros hechos que no nos provocan preocupación y de ese modo
dejar de asociar esos “viejos” pensamientos particularmente malos.

REFLEXIONAR que no es necesario obsesionarse
Merece la pena dedicar un tiempo a reflexionar sobre lo inútil e incapacitante que
es pensar en círculos y como consecuencia (éste) genera ansiedad.

PENSAR en algo apasionante
Las aficiones pueden traer resultados benéficos que atrapan la atención del
pensamiento y nos hacen enfocarnos en un solo punto. Por ejemplo actividades
de entretenimiento, deportes, juegos mentales, videojuegos, etc. No obstante, es
importante procurar no centrarse en una sola afición, pues esto podría
convertirse en otra referencia de preocupación.

MEDITAR (Mindfulness)
La meditación o concentración es un elemento eficaz y altamente comprobado
que reduce la ansiedad. Un recurso valioso ya que permite ejecutar un “reset” en
nuestra mente.

● PENSAMIENTO PRODUCTIVO
Cada vez que notes que la ansiedad se acerca, crea cadenas de pensamiento
productivo orientadas a metas a corto plazo. Eso significa que debes pensar en
un proyecto, lo dividas en diferentes sub-objetivos y te concentres siempre en
orientar tu pensamiento a la consecución de esas metas. Si ante una idea que se
te ocurra la respuesta a la pregunta de “¿me ayuda esto a cumplir con mi
cometido?” es “no”, habrá que desecharla y busca otra alternativa.